Adolescentes Eternos

[Arqueología: Viejos textos que vuelven a la vida mediante la inmersión profunda en mi carpeta de Drive]

Creo que tengo miedo de conseguir un trabajo. No por el trabajo que pueda conseguir en sí mismo, ni por la precariedad que venga asociado con él, sino por la responsabilidad constante de tener un sueldo que te obliga a hacer ciertas cosas a cierto nivel durante cierto tiempo. Es una sensación que no sé si una generación anterior a mí ha tenido o es una consecuencia de todo el discurso sobre trabajar en el que estamos inmersos. Se crea trabajo, el trabajo se destruye, los salarios se recortan, las pagas extras desaparecen, la precariedad campa a sus anchas y la culpa es siempre del trabajador, por haber hecho o no haber hecho. Soy de una generación reflexiva y conscientemente política, quizá más que otras que me precedieron, más alerta de los peligros de ahí fuera y de un futuro aterrador. Es la generación de la desesperanza, de la tristeza, de perderse entre la multitud, de no destacar pese a estar moldeados para el estrellato. Una que se mira a sí misma con la peor autoestima posible, más impuesta por otras que nacida en el ser propio.

Hay, ahí fuera, un conjunto de películas con las que no puedo sentirme identificado. Por todo lo comentado antes, también por la juventud de sus protagonistas, por su situación vital, por la estructura de la narración. Estoy hablando, claro, de Frances Ha, Oh Boy y Güeros. Sin embargo, hay una cinta que no he visto hasta hace muy poco y me sorprendo al encontrarme con que las ha adelantado a todas, en forma y en tema. Me refiero a About The Pink Sky. Por las fechas se puede ver que es la primera y que, de hecho, se podría trazar un safari vital aunando estos films, partiendo de la japonesa. Pero, primero, una observación superficial.

Visualmente, es curioso y nada baladí que las cuatro películas usen ese blanco y negro que apunta hacia la eternidad, imperecedero. Es el blanco y negro de los clásicos, clásicos que hemos heredado, nunca vivido. Es el blanco y negro de un alma que no encuentra el color en el mundo. Además, el constante juego formal de sus películas pasa desde la observación calma japonesa en About The Pink Sky, donde las escenas están rodadas casi que en un plano, siempre desde lejos, sin acercarse a los personajes, excepto en destacados y reveladores planos detalle; hasta el movimiento frenético a ritmo de David Bowie en Frances Ha, el claroscuro de los bares nocturnos de Oh! Boy o el 4:3 y la banda de sonido detallista de Güeros.

Pero, aunque soy un formalista decidido y una película me entra más por los ojos que por cualquier otro lado (cuidado, podría parecer una obviedad; no lo es), es la temática donde me ataca directamente en el ánimo. Y es desde About The Pink Sky donde podemos comenzar el safari vital de un adolescente que se convierte en postadolescente, nunca adulto, en medio de una tormenta económica que merma nuestro futuro y esperanza. Una adolescente, Izumi, se encuentra una cartera llena de dinero. No sabe qué hacer con ella. Nace, entonces, terminos y una visión del mundo nunca antes vista: desde la inocencia, la responsabilidad y la culpabilidad, descubrimos un mundo donde la lucha de clases sigue tan vigente como siempre, donde los políticos corruptos son señalados, pero nunca culpados, donde la mentira se usa para esconder el tabú y el tabú exculpa de la mentira. Pero también la precariedad laboral, aunque aun vayas al instituto, o la carga de una familia llena de deudas sobre los hombros de una muchacha que gana 50 yenes al minuto en un chat para adultos. Quizá, si la comparamos con el resto, sea la película que menos va a la deriva. Las tres adolescentes protagonistas no están perdidas, pero sí subyugadas. Han tenido que crecer y resignarse muy rápido, madurar y tomar conciencia política del mundo que las rodea. Es algo que atraviesa también al resto, bien por acción o por inacción. Es, también, una película fuertemente urbana. Cafeterías, boleras, vagar sobre el pavimento. Aquí empieza todo.

Y sigue en Oh Boy y en Güeros, casi por igual, pero con una gran brecha social entre uno y otros. Los Güeros son pobres, repudiados por sus iguales universitarios y por sus desiguales artistas, más ricos y refinados. También por sus vecinos. Su búsqueda tiene un final, a diferencia de la del muchacho de Oh Boy. Ambos viajan por la ciudad, en una urban road movie, durante todo un día. Se encuentran desencantados, desdichados o una juventud con falta de valores, apática y conformista. Claro que esas son las filias y fobias que vuelcan sobre estas cintas aquellos que no viven en este ahora, nuestro ahora, mi ahora. En realidad, estos films captan un sentimiento incapaz de controlar o de poseer. O de esquivar, dejar de sentir y desechar. Y cómo esos mayores vuelcan sobre ellos, sobre nosotros, sobre mí sus críticas más severas, ellos, nosotros, yo nos amoldamos a ellas. Nos miramos con cierto desprecio, con baja autoestima, que nos deja aún más impedidos para hacer nada. Ambas películas, a diferencia de About The Pink Sky, retratan a unos personajes ajenos al devenir político. Quizá no tan ajenos como desinteresados. Porque la política está ahí, rodeandolos. Pero no pretenden formar parte.

Al final del tour nos encontramos a Frances Ha. Si tu nombre no cabe en el buzón, lo recortas. Se me antoja que lo más revelador de la película es cómo se estructura. Cada vez que Frances cambia de piso, un cártel aparece indicándonos la dirección del mismo. Para alguien que en cinco años ha vivido en cuatro pisos distintos, la aleatoriedad, el azar, los vaivenes de la vida están en ese pequeño y gigantesco detalle. Frances Ha, además, es el desencanto definitivo. El final de nuestro viaje. La aceptación de la vida adulta, del asumir responsabilidades, del tener que dejar de un lado los sueños para conseguir el dinero. Frances viaja a París, en un arrebato romántico, solo para descubrir lo sola que está, lo mucho que echa de menos a su amiga y lo terrible que es el jet lag. Al final, tendrá que aceptar ese trabajo que había rechazado porque no era exactamente lo que ella quería. Este film, a estas alturas de nuestro viaje, ya no se dedica a vagar. Sino a rebotar. A amoldarse con lo que le venga encima. Ha perdido el idealismo y, por tanto, el desencanto. Porque ambos conceptos están unidos. Nunca seremos lo que queremos ser, ni conseguiremos la sociedad que ansiamos, así que la frustración llama a nuestra puerta.

¿Moraleja para padres? No existe. O, al menos, no la tengo clara. Que es el sino de nuestros tiempos, lo que nos ha tocado vivir, que seguramente pase y llegue otra generación, otras películas, otras historias, otra forma de ver el mundo. De About The Pink Sky hasta Güeros tan solo han pasado cuatro años. Y seguramente que en los cuatro próximos veamos aún un par más de películas (quizá españolas, aunque ahí están Los Ilusos de Jonás Trueba, quizá francesa, inglesa, australiana o brasileña, si acaso no las hay ya). Mientras, unos mostraran una actitud paterna con estas películas, epitetos de un zeitgeist, y otros se verán reflejados en ellas, descripción plausible de una realidad presente. Celebremos los pies en la tierra y la mirada en el cielo rosa.

frances ha

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s