Cinefilia (III)

Susan Sontag hablaba de la muerte del cine como la muerte de la cinefilia. Sin embargo, a Sontag se le escapaban dos cosas: primero, que la cinefilia que ella describe ha envejecido, no ha muerto, y, segundo, que esa cinefilia anciana ni admite ni considera la posibilidad de que ya no existe La Cinefilia, sino las cinefilias. En este sentido, sí ha muerto, pero ha muerto la idea, la supremacía, la clase Alta y su concepción primigenia. Se ha visto reducida (aunque sea mínimamente, la reducción casi no es tal, sino que cada vez surgen más adeptos), nunca extinta. Y esto tiene su lógica, claro.

Si el texto de Sontag aparece en pleno reinado del VHS, qué no diría sobre el DVD y, más importante aun, Internet, con sus redes P2P, sus plataformas de VOD y sus miles de blogs y páginas dedicadas a una cinefilia particular e hiperconcreta. La cinefilia de Sontag se ha visto enriquecida, también ensombrecida por la masificación de su consumo. Sin esta cinefilia, por ejemplo, no existirían los revivals de salas de cine, con una programación basada en obras pasadas, que pretenden volver a encontrar la experiencia estética perdida en las butacas, de alabar la poma y la gala. Junto a esta idea que, en efecto, es nostálgica, surgen otras muchas cinefilias, más o menos rebuscadas, más o menos dedicadas. Ahora llegaremos a este punto. Pero antes: los viejos.

Susan Sontag hablaba de esos jovenes locos franceses de mediados del siglo pasado que veían películas japonesas sin subtítulos, sin entenderlas y, por momentos, malinterpretándolas. Esos jóvenes envejecieron y, algunos, han muerto. El más internacional de ellos, Godard, sigue vivo, en cambio. Es paradójico que su avance e investigación creativa y teórica en el cine no haya ido asociada al avance y el descubrimiento de sus contemporáneos cinefilos. Estos siguen estancados en un momento, unas premisas y unas ideas concretas. Similar a esto, la cinefilia repite nombres, textos, teorías y frases hechas, gracias a la comodidad que les proporciona.Claro que esto no era, no en su totalidad, de lo que hablaba Sontag. Sin embargo, y quizá sin desearlo, se la usa como arma arrojadiza para que esta cinefilia mantenga un status incierto y una superioridad moral, siempre repetida, siempre endogámica, pero siempre presentada como algo nuevo y distinto.

Esta cinefilia tiene unos rasgos determinados, de crítico o profesor universitario viejo, aunque sea tan solo en espíritu. Por lo general, suele ser masculino, lo cual determina estos rasgos: fríos, distantes, analíticos. Esta cinefilia fue la que determinó y acuñó la idea de, por ejemplo, Kubrick como un narrador igual de frío y distante como ella. Y es generalmente masculina porque estas características se han asociado y siguen asociándose con lo masculino. Se explica así el porqué de la cinefilia vieja. Observa al cine como un texto sincrónico y apolítico, plano, artificial más que artificioso, premiando lo contenido y el silencio, siempre en un orden y una estructura concreta. Sin espacio para la evolución, pues el texto es cerrado y ocurrió hace tiempo, en un pasado mejor. Es allí donde se encierra la verdad, mientras el presente es artificioso, feo, falso. En el presente nadie sabe, porque todos están muertos.

En el otro lado del espectro, de forma cuasi antagónica, se encuentra la cinefilia fan. Si el otro modelo encontramos rasgos prominentemente asociados a una vieja concepción de masculinidad, aquí una vetusta idea de feminidad entra en juego: la pasión, el llanto, el grito, la emoción. No hay groupies masculinos y no se veía a ningún hombre desmayarse ante Elvis o The Beatles (que los habría, seguro) porque ese era un rol femenino. La cinefilia del fan profesa la misma adoración a nombres y textos concretos, aunque estos suelen ser más actuales, sino están ocurriendo en tiempo presente, que la vieja cinefilia, pero con un amor desaforado en primer plano. Esto, sin embargo y gracias a espacios como Tumblr, crea análisis exhaustivos, novedosos y creativos sobre los textos en cuestión. Y no solo se limitan a consumir, sino que crean un diálogo con las propias películas, alterándolas mediante producciones propias, intentando acabar con la comunicación unilateral que se da.

Entre el uno y el otro, se encuentra la cinefilia del género (cinematográfico, el genre, no gender). Una cinefilia con un objetivo muy concreto, que aúna por momentos las quejas y nostalgias de la vieja cinefilia con el amantismo de la cinefilia fan. Porque, por si no quedaba claro, ninguno de ellos son compartimentos estancos. Ni siquiera en la misma persona, en la misma forma de defender sus gustos. La cinefilia del género crea los peores espectadores de género y los más dedicados a buscar la última producción, la más intrincada, la más compleja, la más subversiva y, a la vez, la más tradicional. El cinefilo de género que copa festivales y salas suele optar, en un gran tanto por cien, por la vertiente más consumista de la cinefilia. El juguete que sale antes que la película ya está amortizando la futura experiencia de esta. Los rasgos característicos de esta cinefilia no vienen dados por el género de sus adeptos (y, aun así, siempre se han identificado como hombres, quizá porque el rango de acción de la mujer está limitado y se le permite navegar en zonas predeterminadas), sino por el marco económico que los rodea y, sí, los explota. A diferencia del fan, que puede llegar a funcionar al margen, el cinefilo de género parece embebido en el gasto.

La lista continua mediante hibridaciones, variaciones y alteraciones minúsculas entre distintos tipos de cinefilia. Sin embargo, plantear que la cinefilia (que había muerto) y, por lo tanto, el propio cine han muerto es una sentencia que no tiene cabida en un momento tan convulso como el actual, donde cada uno construye su pequeño altar particular a una serie de películas o al cine en su totalidad, ya sea mediante la interacción, mediante la adoración o mediante la descomposición y recomposición de los textos. Si mirar es aprehender, observar es analizar y el esunamierda no sirve a nadie más que al propio status quo, entonces la cinefilia no puede ponerse en tela de juicio bajo microscopio alguno y nadie debe rendir cuentas a nadie. La cinefilia, si es que tal cosa puede seguir existiendo tan tanto repetirse, ya no necesita de grandes templos. La cinefilia ya es personal. La cinefilia por fin es nuestra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s