Es una mierda (II)

Es una mierda. ¿Cuántas veces una opinión se reduce tan solo a esto? Hoy, más que nunca. Y no es que hoy, el tiempo presente, siempre sea el peor tiempo, sino que es un tiempo incapaz de revisarse a sí mismo y criticarse por lo que es. Es, en general, una mierda.

Si nos detenemos brevemente en esas tres palabras y en la actitud que adopta el emisor al recitarlas, descubriremos mucho más. Por ejemplo, la forma que tenemos de entender el consumo. Y el consumo de los artefactos culturales que crea la industria. El esunamierda provoca un problema muy básico a la hora de intentar analizar nada: lo menosprecia y, con ello, hace que el objeto en cuestión sea irrelevante, incapaz de ser llevado por una autopsia completa. Este objeto ya no es digno de nuestro tiempo, tampoco es digno del tiempo de nadie. A nuestros ojos, tras pronunciar esunamierda, lo hemos matado, arrebatándole toda la vida que se le pudiese insuflar. Ya hemos visto dos puntos importantes en este conflicto. Primero, que necesitamos un filtro en nuestra vida para decidir que esta sí, esta no. Segundo, que la belleza está tan solo en los ojos del que mira. Esto, a su vez, crea otra miriada de nuevos problemas si hablamos de análisis y disección cultural. Iremos a ello en un rato.

En el fondo, esunamierda se antoja como una forma de consumo sublimada en su mínima esencia. Todos podemos decidir si algo es o no es una mierda. Pero esta posición ignora el fondo y se queda en el primer término, en la superficie. Esta superficie, por supuesto, es fundamental. Gracias a ella  nos sentiremos impélidos a ahondar en el objeto o somos rechazados por él. Sea como fuere, definirlo todo como esunamierda impide la observación profunda y el análisis, lo cual significa que impide el cambio. Ya hemos hablado de Los Vengadores como ejemplo paradigmático (de esos polvos viene todo el imperio Marvel y la contrapartida de DC) de objeto a analizar, desde cualquier vertiente. Quedarse en la superficie e ignorarla, en el peor de los casos, fomenta la perpetuación de estereotipos, gracias a la falta de crítica. Al ver la superficie solo vemos un género -si es que el de los superhéroes es tal-, una narrativa de forma muy somera y el espectáculo. Pero la polvora de los fuegos artificiales nos nubla la vista. Por supuesto, o no, que Los Vengadores son una mierda. Pero los motivos para ello no radican en el uso del CGI (no solo). Esunamierda termina por fomentar ideas extendidas y teorías generales, sin pizca de crítica.

Claro que es muy fácil caer en el esunamierda. Ya hemos visto que vivimos en la era del Yo y la subjetividad, aunque se esté formando aun tanto lo uno y lo otro, mediante la prueba, el error y la discusión. Y es fácil porque nadie puede ir, precisamente, contra mi criterio, contra mi subjetividad. Si miro y digo que esunamierda, ¿quién podría discutir mis gustos? El quid no radica ahí, sin embargo. Sino en el camino opuesto. Parece que el esunamierda siempre tiene la mano ganadora en cualquier discusión. Si algo gusta, se ve como una falta, como una crítica a todo un criterio. Si eso que gusta, además, fue asumido como que esunamierda, peor aun. Tanto si soy yo solo contra el mundo, lo cual convierte a la masa en una panda de borregos sin gusto, como si es el mundo contra mi, lo cual me impide llevar a cabo ningún discurso crítico, pues el mundo ya ha juzgado y sentenciado.

En este sentido, el esunamierda es simple, porque es unilateral. No hay capacidad de conversación, solo es una negación constante, un monólogo negativo. Además, se presenta como una posición aproblemática. Si no tengo que discutir con nadie porque mi criterio me avala o, mejor aun, porque su criterio esunamierda, nunca tendré que crearme problemas, esto es, concepciones erradas del mundo que debo modificar. Además, esunamierda no deja lugar para las matizaciones. O lo es o no lo es. También así modifico el mundo a mi gusto, siendo mi opinión un hecho factual.

En Sobre la televisión, Pierre Bourdieu denominaba a aquellos que pensaban en ideas preconcebidas y tópicos como fast thinkers. Siendo la televisión un medio de tanta urgencia siempre, intentando dar la noticia antes que el resto de cadenas y acotado por las pausas publicitarias, la capacidad para un pensamiento lógico, pausado y que cuestione o desbarate los tópicos antes mencionados se ve muy limitada. Por no decir que, efectivamente, es inexistente. Menciona también a Platón, que distinguía al «filosofo que dispone de tiempo y las personas que están en el agora, la plaza pública, las cuales son presa de las prisas». El agora es ahora Twitter y las prisas son exactamente las mismas. Hay que juzgar rápido, dictaminar y pensar sobre lo concebido (es alarmante la cantidad de críticas sobre cine o videojuegos que repiten las mismas ideas).

Esto provoca muchas otras discusiones. Quizá no haga falta nada más allá del esunamierda para hablar de ciertas cosas, siempre y cuando esto no impida hablar de lo aquello que queramos. Al final, esto es como todo lo demás. Que cada uno se maquille como y cuando quiera.

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