Observar (I)

Observar es el punto de partida para toda ciencia y toda arte. Observar qué sucede y cómo sucede es fundamental para empezar a preguntarnos por qué sucede. La capacidad de observar se había perdido durante mucho tiempo, monipolizada por unos pocos, que consideraban que el resto les llegaba con mirar. Mirar, de hecho, es un acto de consumo básico y se ha escrito bastante sobre el tema. La escopofilia, por ejemplo, como forma de mirar al otro como objeto sexual, de manera que se aprehende para sí y se posee. Por eso, la mirada es poderosa. Tan poderosa que no se debe minimizar su efecto. Así se encuentra el cine lleno de personajes mirando películas. Porque nos descubren a nosotros mismos, sentados en nuestra butaca, nuestro sofá, nuestra silla, mirándolos a ellos. Pero la mirada es solo el comienzo.

Hablemos de forma tangencial de esta frase soltada en la entrevista realizada por Guillermo G. M. a Daniel Benmergui: «La historia detrás no tiene importancia. ¿Qué me va a llegar a decir? ¿Qué profunda, qué cercana a la condición humana puede ser una película sobre superheroes? No se puede.» Es una frase bastante curiosa, aunque sea solo un ejemplo puesto en medio de una entrevista sobre otros temas, por lo extendida que se ha visto. Los superhéroes, las grandes producciones, el blockbuster, el cine en general para la masa es despreciado sistemáticamente y de forma reiterativa por aquellos que usan términos como “la masa” o “encefalograma plano” y, por supuesto, “el espectador medio”. La pregunta podría ser si, tras la Escuela de Birmingham, los Estudios Culturales y el peso que tiene la representación de la identidad y el Yo, tiene algún sentido rechazar cualquier producto audiovisual porque, textualmente, no sabemos cómo de cercana es a la condición humana. Esta pregunta permanecerá en el aire durante un tiempo.

Acerquémonos, sin embargo, a otra cuestión. Como puede ser, por ejemplo, de qué nos sirve rechazar estos textos de plano, sin llegar a ahondar en ellos. Qué bien nos puede hacer. Claro, lo primero de todo es establecer un filtro, necesario y hoy en día inexcusable. Entre el maremágnum de producciones y creaciones, tenemos que elegir a qué queremos dedicarle nuestro tiempo y a qué no. Pese a esto, no se puede rechazar nada como menor o irrelevante porque se cree de cierta forma o se englobe en un género. Aun menos si va a ser recibido por millones de personas y marcará las pautas de lo que se creará a un nivel industrial tan potente en los próximos diez años. Todo esto, por supuesto, si nos interesa íntimamente las cuestiones expuestas con anterioridad.

Si mirar es aprehender, observar es reflexionar y diseccionar lo aprehendido. Y solo mediante la observación crítica se puede llegar a las conclusiones necesarias para descubrir los por qués, los cómos y los qués, también el cómo, el qué y el por qué cambiar o no ciertos elementos (esto es, por ejemplo, la representación homogénea de Los Vengadores, que no refleja la realidad racial de sus consumidores). Siempre se puede sacar algo en claro de la observación y la reflexión, sea para bien o para mal.

Y este poder está en nosotros mismos, no en las obras. Las obras son unos constructos, una gran mentira recubierta de verdad, que dicen y hacen cosas más o menos inteligentes, más o menos acertadas. Y esas cosas que dicen o hacen pueden ser desgranadas hasta su última molécula para comprender qué hace mala a una mala película, qué la hace buena o qué la hace excelente. En la era de la subjetividad, no podemos conformarnos con que el autor nos diga lo que tenemos que pensar. Debemos apropiarnos de esas imágenes mediante la mirada y destrozarlas mediante la observación.

No es fácil, claro. Parece que el cine, las series, los libros, todo nos inunda. Somos incapaces de detenernos e inventamos términos como FOMO para describir esa misma sensación. Precisamente, porque estos textos son recibidos por mucha gente, mucha gente está analizando estos textos hasta la milésima. Tumblr se llena de gifs hablando sobre un gesto concreto en un momento concreto y tesis escritas son escritas en esas entradas alabando o negando la calidad del gesto. Nunca antes se había producido tanto, nunca antes se había consumido tanto y nunca antes se había observado de una forma tan obsesiva. No es necesario, por lo tanto, que todos admiremos, observemos o analicemos todo. Sería una labor titánica e inútil.

La posición, sin embargo, de rechazo sistemático es aburrida y nada interesante. La belleza siempre ha residido en los ojos del que mira. También la fealdad. Y lo apasionante de ambas es descubrir qué ha llevado a cada persona hasta ese punto. Quedarse en que algo es una mierda, sin profundizar, sin intentar comprender al otro o a sí mismo, es una postura anodina e insípida. De esta postura hablaremos en un rato.

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