Hombre grita a Cazafantasma

ghostbusters

Hoy se ha revelado el aspecto de las nuevas Cazafantasmas. Están espectaculares, como no podía ser de otra forma. Todo al rededor de este proyecto suena de maravilla. Desde el cast hasta el director, pasando por las primeras imágenes de producción hasta el hecho de que, sí, es otra vez la nostalgia atacando a nuestra línea de flotación. Así que todos estamos contentos. ¿Todos?

En realidad, no.

Una pequeña aldea se resiste a dejarse llevar por el hype. Hoy en día, en esta era que nos ha tocado vivir, es más bello el hype que la obra en sí misma. El hype son promesas, es el humo del cigarro que llega hasta nosotros y nos encandila. Es la esperanza continua a que todos nuestros sueños se hagan realidad. Así que la pregunta es, viendo que todo lo que rodea al proyecto es favorable, por qué hay gente que se muestra descontenta, más aun si son su público ideal. ¿Por qué?

Empecemos por el casting. Primero, Kate McKinnon. La rubia de pelo loco y gafas con cristales ahumados. McKinnon es, probablemente, la persona más graciosa que tiene ahora mismo el Saturday Night Live. De el SNL, para el que no lo sepa, ha salido la cantera de cómicos que llevamos gozando y sufriendo los últimos cuarenta años. Desde Bill Murray y Dan Aykroyd (seguro que os suenan) hasta Adam Sandler y Andy Samberg. Actualmente, SNL tiene un nivel bastante bajo, pero brilla por momentos. Sobre todo, si en esos momentos sale McKinnon. Sus papeles de Justin Bieber y Ellen Degeneres son antológicos, aunque personalmente siento flaqueza por la mujer de la estepa rusa. Tiene esa capacidad para fruncir el ceño y decir algo que no es gracioso de forma hilarante.

Después está Leslie Jones, quizá la más desconocida y la más grande, físicamente, de las cuatro. También ha hecho sus apariciones en SNL, aunque de forma más esporádica y tan solo en la última temporada. Parece, sin embargo, que solo puede encarnar un papel (o le dejan): la de mujer negra cabreada. Eso sí, lo hace fantásticamente. Le pongan lo que le pongan.

A continuación, Melissa McCarthy, bajita y con gafas. Aunque quizá esta sea la más conocida del grupo. Le ha pasado por encima a Galifianakis en la última de Resacón y tanto sirve para hacer de Buster Keaton como de Chris Farley. Sin embargo, sus logros están más que reconocidos. Algo similar ocurre con Kristen Wiig, la tercera en el grupo que alguna vez perteneció al SNL. Ella, además, consigue clavar actuaciones dramáticas sin mudar la expresión del rostro. Esto es lo que hace que las nuevas Cazafantasmas sean un grupo de lujo.

Además, la mano que mueve la batuta es la de Paul Feig. Puede que sea el único director americano de comedia que no ha rodado ningún cuerpo femenino como si fuese un coche. Aquí las llantas, aquí el capó, aquí un alerón. En The Heat ya demostraba lo subversiva que puede ser una idea tan simple como hacer una buddy movie protagonizada por dos mujeres. No reventaba ningún tópico ni le daba la vuelta a expectativa ninguna. Tan solo cambiaba el género de sus protagonistas. Es sangrante que tengamos que celebrar una película donde la relación principal es la amistad entre dos mujeres, sin que estas sean esposas, madres o hijas de. No dejaban de ser arquetipos, sí, la bruta y sucia y la estricta y limpia, con una trama sencilla y una puesta en escena al uso. Pero funcionaba. A las mil  maravillas.

Volvamos entonces a la pregunta. ¿Por qué puede haber alguien a quien, en pleno fervor del hype, no le parezca bien? La respuesta se encuentra más arriba: «es otra vez la nostalgia».

El imaginario pop se ha llenado de hombres. Sobre todo el imaginario pop que nos viene de los 80. Las mujeres están ahí, sí, pero siempre forman parte de un grupo mayor. Desde Breakfast Club hasta The Goonies. La nostalgia juega un rol decisivo a la hora de escoger un cristal para mirar las cosas que nos rodean. Porque todo tiene que ser tal y como lo recordábamos para poder sentir exactamente lo mismo. La nostalgia no es un viaje en el tiempo espacial o temporal, sino sensorial. El problema en la negación de las nuevas Cazafantasmas no viene porque se hayan esgrimido esta serie de argumentos (es un producto de la nostalgia, el director tampoco es tan bueno, la mitad de su cast ni siquiera ha protagonizado una película antes), sino que ni siquiera la película es el objeto de debate. El objeto somos nosotros mismos. Y el hype ya no se debe a lo que esperamos que sea la película, sino a lo que deseamos que sea acorde con nuestros gustos.

El imaginario pop es la mitología actual. Está lleno de diferentes elementos y cada uno tenemos nuestros preferidos. Drácula y Harry Potter comparten habitación con El señor de los anillos y Lobezno. Nunca se llegan a mezclar y cada uno tiene sus narraciones propias en compartimentos estancos. Pero están ahí. En los armarios, impresos en las camisetas de la gente, en sus avatares, en sus referencias a la hora de bromear. Este imaginario, como toda narración popular, es pasto de las creaciones personales, los fanfilms, fanfics o los fanwhatevers. Todos lo aceptamos como una parte indisoluble, hoy más que nunca, del imaginario. Pero también tenemos claro que solo hay una versión oficial. La versión de los dioses-empresas-que-poseen-el-copyright.

Ahora aparece otra problemática: cuando estos dioses deciden modelar el imaginario, por el motivo que sea. Entonces la versión oficial se altera, se expande, crece y muta en algo más. Y aquellos adoradores, al pie de la piramide, se rasgan las vestiduras para dejar salir al niño que llevan dentro, arrasado por las lagrimas al ver cómo traicionan su fantasía.

Lo cierto es que los fanwhatevers que decíamos antes siempre han sido terrenos para subvertir la versión oficial. Como las fantasías homoeróticas de Kirk y Spock que llevaban a cabo las fans de la serie original. Estamos en un momento en el que esos mismos fans están en posesión de los dioses y, más importante, estos se han dado cuenta de que tienen más que ganar de lo que tienen que perder al mutar sus creaciones. Ahí está el verdadero quid de la cuestión, el tema a tratar, a desgranar y deconstruir. No ese relato sobre la infancia violada que se han construido unos pocos para quejarse del paso del tiempo y la evolución de ciertas narraciones. Es hora de cambiar el imaginario pop, algo que Marvel Cómics ya sabe, a pesar de todos los dientes y uñas que se encuentren por el camino.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s