Mi Atlantida Film Fest: Traffic Department

Uno de los fenómenos que más me fascina en Internet es la cantidad de vídeos de accidentes de coche en Rusia. Se podría hacer uno un buen puñado de preguntas al respecto, sobre los vídeos en sí y sobre nuestra reacción hacia ellos. Somos incapaces de sentir empatia por una maquina que derrapa sobre la nieve o con un puñado de coches que chocan entre ellos en un cruce. No hay rostros, no vemos personas, solo son vehículos que no sienten ni sufren. Lo cierto es que hay alguien dentro de ellos y, tras el accidente, descontextualizado y breve, se abrirá todo un procedimiento y un largo tramite de seguros, culpabilidades y pesares. Traffic Department se siente un poco como todo lo que ocultan esos vídeos. Quizá por el acierto de usar las cámaras de los móviles y las integradas en los propios coches para grabar parte del argumento de la película, la historia subyacente, anterior al comienzo de la cinta, que desencadena toda la serie de acontecimientos. Tras los accidentes se encuentra la corrupción. La corrupción sistemática, endémica, de una sociedad educada para el chantaje y el regateo. Todos lo asumen sin problemas y usan su posición de poder para llevarla hasta los límites. Pero esta corrupción no solo se queda en los estratos institucionales más bajos (la policía municipal), sino que va ascendiendo hasta llegar al Primer Ministro italiano. Sin embargo, el desenlace termina por ser feliz. De una forma macabra y retorcida, pero allí donde campa la inmundicia, la desgracia irónica es la única solución alegre. Cosa, por otro lado, del todo imposible e impensable en un mundo tan sucio, tan basto y tan desagradable. Porque lo cierto es que los accidentes de tráfico, la posición del policía en esta historia, es tan solo una excusa para hablar sobre un país corrupto. Tanto es así que los informativos y las voces en los medios de comunicación no dejan de informarnos de ello, evitando que lo olvidemos. Solo la capacidad para grabar y reproducir esta corrupción puede destaparla, que no acabar con ella. Así funcionan también los recuerdos. La memoria son retazos de vídeos de anoche. Ya no es anécdota, ya no es olvido. Es objetivo y veraz. Y esa veracidad, esa certeza, es la que puede acabar con nosotros.

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