’14: Inside Llewyn Davis

(2013, Joel & Ethan Coen)

Llewyn Davis no es un gran perdedor. No puede permitirse ni eso. Tan solo es un hombre perdido, vagando ciclicamente por su vida. Davis es deprimente y llena la pantalla de su depresión, la ocredad de la paleta de colores con los que se dibuja la película empañan el alma de un personaje incapaz de tomar decisiones a largo plazo. Su vida es el presente. No hay romanticismo aquí. No hay mitificación del personaje, sin abrigo, oyendo cómo cruje la nieve bajo sus pies helados. Sin embargo, quizá él sea la última línea de defensa contra un capitalismo que, después de los años 60, se muestra voraz y atroz, encienagando cada aspecto de nuestra vida. Obligándonos a pensar en futuro, siempre en futuro. Así que solo nos queda él, un imbécil de categoría mundial, incapaz de crear una narrativa propia para su vida. Encerrado en ese círculo que es la película, la forma última y perfecta, lo deseable se convierte en prisión. Llewyn Davis no evoluciona, no mejora, no llega a ningún lado. El verdadero protagonista de la aventura es el gato, Ulises, el único que se pierde y regresa a casa. ¿Acaso no es eso también cíclico? ¿Volver al estado primero de las cosas?

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