Viva el mal

el capital 2 elcapitalel capital 3

The Man in the White Suit (Alexander Mackendrick, 1951)

¿Cómo representar la amenaza? Fácil si esta es… amenazante. La amenaza siempre es más grande, más fuerte, más portentosa que uno mismo. Tememos condiciones físicas en un primer momento. ¿Qué pasa cuándo la amenaza son cuatro hombres anodinos, tres trajeados y un viejo?  Que la amenaza debe ser dibujada de un modo distinto. Porque ya no es centrarse en eso que nos amenaza (el gran oso pardo que se pone en pie mientras el atacado se muestra aterido de miedo en el suelo), sino nosotros, los amenazados.

Nuestro protagonista es un químico que acaba de inventar un tejido imperecedero e incapaz de mancharse. Sería el fin de la industria tal y como la conocemos. Por eso, los grandes capitostes, los patronos del sector textil, buscan al protagonista para hacerlo entrar en razón. De otra forma, sería el fin de su negocio.

La forma en la que aparecen, en la mayoría de los casos, son los cuatro juntos, como partes indivisibles de un mismo ser. Los vemos en la primera imagen. El contraste entre sus trajes negros y el traje blanco y brillante del protagonista, en el centro, es una evidencia demasiado obvia. Estos hombres siempre aparecen enfrentados a los protagonistas. Observándolos. Con cierta distancia, pero, aun así, creando un ambiente claustrofóbico. Presionan, bien al héroe, bien a la heroína, para que acepten sus condiciones a toda costa.

Podemos ver, en el primer frame, a un hombre calvo, el segundo por la izquierda, que se convierte en la imagen central de la siguiente captura. Él es otro dueño de la fábrica, en la que el protagonista descubrió su milagroso tejido y, por lo tanto, dueño del mismo. Los otros cuatro hombres, con una presencia enorme del viejo, lo presionan para que renuncie al tejido. Cada vez se cierran más sobre su presa. Si en el primer caso, el protagonista era un hombre dispuesto a luchar, en el segundo se sienten más confiados a manipular a alguien que se cree igual.

El último caso ya es sangrante. La mujer, hija del hombre calvo de antes, está completamente encerrada entre los cuatro hombres. De hecho, su padre se ve al fondo, de espaldas, ajeno a lo que ocurre. Los hombres ya han perdido todo rostro, toda corporeidad. Tan solo se ciernen sobre su victima, sin miramientos. Tienen una gran presencia, a pesar de su ausencia. Ella es presa de este ambiente, de este momentum que podría alargarse hasta el infinito. Poco a poco, cerniéndose sobre nosotros. El Capital nos ha atrapado. El Capital, esos hombres que podrían ser cualquier hombre, no tienen ya reparos. Así, se condensan tres ideas del capitalismo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s