Tres hombres blancos cabreados

La fantasía masculina articula el mundo. El Angry White Male, la idea del hombre enfadado por discursos contrarios al suyo, es un tropo que ha sido explotado desde que Charles Bronson se toma la justicia por su mano hasta el pasado E3. Este Hombre que se difumina entre discursos, que es incapaz de focalizarse como sujeto del discurso, busca una fantasía última con la que conseguir escapar de este no-lugar existencial. Hombres que viven en los margenes, despechados y olvidados, aun infantiles o considerados ya viejos y, por lo tanto, prescindibles.

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Bobcat Goldthwait ha tratado este tropo de tres formas distintas en tres películas que conforman una extraña trilogía sobre el Hombre Blanco Cabreado: World’s Greatest Dad (2009), God Bless America (2011) y Willow Creek (2013). Las tres películas tienen muchos puntos de unión: un personaje central, masculino, que vive anhelando una fantasía hasta que consigue cumplirla, lo cual le lleva hasta el final de su carrera-vida.

En World’s Greatest Dad, Lance desea ser un novelista de eéxito No solo por la satisfacción de ser escritor, sino por el dinero, la fama y las mujeres que ello conllevaría. O lo que es lo mismo: el pack completo en la ambición del hombre. Lance trabaja como profesor de una asignatura que a nadie interesa y mantiene una relación secreta con una profesora mucho más joven y atractiva que él. Su hijo, un adolescente insoportable con filias sexuales un tanto peculiares, lo trae de cabeza y es el agujero negro que se ha tragado su vida. Mediante la muerte del hijo, Lance puede recuperar la vida perdida y la fantasía que siempre había deseado.

Mientras, en God Bless America, Frank es un oficinista aburrido de su vida cuyo deseo inmediato es la muerte de sus vecinos. No una muerte apacible. No. Él quiere entrar en su casa y reventar de un disparo a su bebé, un llorón de horas intempestivas, como si fuese una piñata. Su despido y el anuncio de un tumor mortal lo llevarán a un viaje por Estados Unidos matando a todas las personas que considera malas. Aquí, la fantasía se sostiene sobre otro fracaso. No tan grave como la muerte de un hijo, pero sí se cimenta sobre una vida ya terminada.

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Por último, Willow Creek. Jim se empeña por buscar al big foot como regalo de cumpleaños de su novia. Grabada como un found footage, rompe con el esquema antes presentado: no es un hombre maduro cansado de su vida actual, es un joven que sale de su gran ciudad para acabar en un pueblo buscando a una leyenda en la que nadie más que él cree, presa de un sentimiento infantil.

Los tres comparten la misma idea central en el relato: conseguir cumplir su fantasía. Los tres lo consiguen, con desagradable resultado. Además, partiendo de una desgracia personal. Hasta en Willow Creek, donde la negativa de la novia a casarse da paso a la llegada del deseo buscado. Los tres, una vez llegado a su propia narración, a ser centrales en el discurso (Jim más que ninguno, pues constantemente exige a su novia que le grabe, mientras que Frank no quiere ni salir en la tele por los asesinatos cometidos), acaban en desgracia: Lance lo rechaza por darse cuenta de que no es lo esperado, Frank termina en una catarsis homicida ya que ve que no hay remedio al mundo que ha perdido y Jim muere a manos de un misterio que no se termina de concretar.

No hay lugar ya para estos hombres. Tampoco para sus fantasías. No se enfrentan a su realidad y acaban buscando soluciones alternativas. Mediante la vuelta a lo conocido, por ejemplo, como sucede en God Bless America y la obsesión del protagonista por volver a un tiempo pretérito en el que las cosas eran como debían ser. También usando la farsa, como hace Lance al colocar a su hijo como un incomprendido que sirve de mártir para su generación. O Jim, negándose a ver las evidencias más claras de la falsedad del mito.

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No son ni siquiera ofensivos para el otro. Frank incluso busca eliminar a todas las personas groseras, maleducadas o, simplemente, malas del mundo. Lance aprovecha la muerte de su hijo en la medida que lo hacen los demás o, quizás, aun menor al ser consciente del engaño y mostrar arrepentimiento y sinceridad. Jim aprovecha la confianza de su novia, pero es un tipo inocente y bastante naif.

Es una masculinidad despojada de todos sus elementos clásicos, de todo tipo de representación empoderante que habíamos visto hasta ahora. Ahí está la diferencia más fundamental entre la representación del hombre y la de la mujer: el primero siempre ha sido una fantasía de poder para contentar y la segunda un objeto a contemplar o, por momentos, una vía de escape para las mujeres a una realidad que no las tenía en cuenta.

Habrá que enfrentarse, entonces, a un cambio en el discurso. La perdida del androcentrismo camino de una variedad mayor de centros posibles. Las fantasías ya no sirven, no acaban por llenarnos. Algunas, incluso, directamente acaban con nosotros. Así parece apuntar esta trilogía de Hombres Blancos Cabreados con la realidad que les ha tocado vivir. La fantasía masculina sigue articulando el mundo, pero cada vez se encuentra más desplazada, más anacrónica, con el mundo actual.

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