Raccord mental

En Is the man who is tall happy? (2013, Michel Gondry), Noam Chomsky habla de un concepto que acuñó como “continuidad psíquica”. Si en un cuento infantil un personaje es convertido en burro, el niño que lee el cuento comprende que el burro es en realidad un ser humano. En ningún momento cree que ese burro sea un simple burro, un burro más, un burro cualquiera. Porque ese burro, aun siendo burro, NO es un burro. Es otra cosa. Una especie de raccord mental: aunque no veamos al personaje, sabemos que está ahí.

johnny depp

Un concepto muy extendido en las secciones de cultura de los diarios es el del “actor camaleónico“. Un actor que hace papeles un tanto dispares, que suele maquillarse o vestirse de formas extravagantes para cada papel y que, haga de secundario o principal, siempre supone un punto de referencia en la película. El epítome de todo esto es, por supuesto, Johnny Depp*.

La idea de actor camaleónico no hace más que asentar las bases de un star system tan fuerte como antaño, en donde la fama se trabaja de forma distinta. Johnny Depp está encerrado en ese papel de camaleón entre los actores. No encasillado en ciertos tipos de papeles ligados a géneros, sino con una mayor sensación de falsa libertad. Tiene películas donde no lleva pájaros en la cabeza ni sombreros ridículos, pero no son dignas de mención. No. Por supuesto, el ser un espécimen ondulante no lo aparte de ser UN espécimen único. Johnny Depp es Johnny Depp.

Existe un raccord mental con los actores camaleónicos que ayudan a establecer las bases de su fama. Todos hacen papeles distintos en géneros distintos, ya puede ser el malo, el bueno, el secundario gracioso o el esbirro detestable. El espectador busca esa novedad, la transición pasajera que supone ver a un actor que conocemos mutado en algo nuevo y extraño. Pero sabemos que es tan solo una apariencia, la ficción no puede con nuestro raccord de realidad. Esa dualidad entre querer ver al actor que amamos por ser ÉL convertido en un OTRO momentáneo satisface al espectador mitómano.

En el Hollywood clásico el star system funcionaba sin la necesidad de la ficción. Cary Grant era Cary Grant todo el rato. No necesitaba cambiar el color de su piel como hacen los camaleones. Hoy, sin embargo, la realidad recreada es tan apabullantemente real que el actor debe seguir los pasos de esta y convertirse, doblarse, transmutarse en algo nuevo para seguirle el ritmo. Pero, eso sí, siempre debe volver a su forma original Es el Actor Camaleónico. Y el camaleón solo cambia de color por un instante.

 

 

*Al comprobar el enlace de este mismo párrafo descubro que, tras su muerte, Philip Seymour Hoffman es introducido en la categoría de estos actores camaleónicos. La mejor forma de entrar en el star system es muriéndose. Bien los saben los protagonistas de Hollywood Babilonia, de Kenneth Anger.

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