Tres apuntes rápidos sobre el espectador que soy yo

sugarman

Me sorprendo al no sentir nada viendo Searching for Sugar Man. Una historia llamativa desaprovechada en unas cuantas entrevistas que no mantienen mi atención, que no me emocionan. Señores mayores hablando de batallitas pasadas, recordando aquel día, el mejor de su vida, pero sin ningún empeño en que te lo creas. Por un momento parece todo un gran mockumentary. Pero no al estilo Exit through the gift shop, donde era tan increíble que solo podía ser un documentaria. Lo desalmado del conjunto me produce cierta falta de credibilidad.

Llego después hasta Blackfish, donde un montón de ex-entrenadores de orcas lloran por las orcas presas. Donde un rudo marinero que, según sus propias palabras, ayudó a derrocar a presidentes sudamericanos, llora por una cría de orca que tuvo que cazar en los 70. Yo también me emociono y me enfado. Qué malo es Seaworld. Liberad a Willy. A continuación me sumerjo en internet para leer opiniones al respecto. Claro, qué me iba a encontrar. Que el documental manipula al espectador, omitiendo partes que no le interesan y subrayando aquellas que quiere destacar. En definitiva, que se huele al creador detrás, intentando mandar un mensaje usando aquello que tiene a su disposición.

Blackfish-poster1

Al final del camino, pero cronológicamente al principio de este, me encuentro con The Unknown Known. Errol Morris entrevista a Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa de los Estados Unidos en la primera época de George W. Bush. Morris no hace nada que no hayamos visto en los anteriores. Grabaciones caseras, fotos y vídeos de archivo, estadísticas y hechos. Quiere mandar un mensaje. Uno sobre la guerra. Lo que nos encontramos, en realidad, es un tratamiento sobre nuestros dirigentes. Rumsfeld es un hombre contradictorio, vacuo y cerril. Sonríe porque está convencido de todo lo que dice, aunque nada tenga sentido. Errol Morris falla en su objetivo de poner en evidencia a Rumsfeld, porque Rumsfeld siempre está en evidencia. Es transparente, una ventana abierta al terror más terrenal, más cotidiano.

Los tres documentales son una escala enfática, no en una taxonomización del documental, sino del espectador. Sugar Man encanta, porque no produce ningún problema, porque es plano y blando. Puede llegar fácilmente a cualquiera porque todos tenemos ídolos y vivimos en la época de la mitomanía rápida y directa. Blackfish produce contradicciones al espectador que llega a notar esa manipulación, pero no puede rechazar las imágenes mostradas (las imágenes son la verdad). The Unknown Known provoca desconcierto, porque el objetivo no está claro y el personaje que vemos en pantalla parece una caricatura de sí mismo, pero es demasiado real para ser mentira. Así que no sabemos si estamos siendo manipulados o el documental está demasiado poco manipulado. Necesitamos que nos diga claramente si este señor es malo o bueno. ¿Por qué el documental no responde a la pregunta que plantea en el slogan? ¿Cómo es posible no sepamos por qué sonríe?

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